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 GESTIÓN DE MONTES

encontrar con dos casos opuestos: a) el de una repoblación en la que no se plantea

cambiar de especie y en la que, por lo tanto, la elección no plantea ninguna duda;

o b) bien la nueva introducción en terrenos con características u objetivos diferen-

tes a áreas pobladas cercanas y que, por lo tanto, conllevan una elección minucio-

sa. Lo más habitual es encontrarse con un caso intermedio.

En cualquier caso, la elección de las especies supone la toma de una consecución

de decisiones que, independientemente del objetivo de la repoblación forestal,

tratan de asegurar la

estabilidad futura

de la masa.

2.1.1.

Criterios a tener en cuenta en la elección

de especies

Tradicionalmente se viene considerando un orden intuitivo en el análisis de los

condicionantes que influyen en la elección de las especies a introducir. De forma

resumida, se trata de pasar de una elección más general, atendiendo a condicio-

nantes del sitio, a una más específica que nos acerque a las especies más ópti-

mas para nuestro objetivo.

La

primera lista de especies

debe ser lo más completa posible. En ella se pue-

den incluir tanto

especies autóctonas

como

exóticas compatibles con el sitio.

❱ 

Adaptación de la especie a la estación

. En esta primera etapa se trata de de-

terminar las especies óptimas a las características fitogeográficas, climáticas,

edáficas, fisiográficas (por ejemplo, la pendiente del terreno) y biológicas que

se encuentran en un territorio dado:

Factores

fitogeográficos:

consisten en elaborar una lista con las especies

cuyo hábitat natural tenga unas características similares a las del terreno a repo-

blar. Puede ser servir de ayuda la consulta del

Atlas Fitoclimático de España

de

Allué Andrade o el

Mapa de series de vegetación de España

de Rivas Martínez.

Factores

climáticos:

se tratan, de forma global, de clasificar climáticamente

el monte a repoblar. Los valores extremos pueden hacer descartar alguna

especie en este punto.

Algunas de las herramientas que pueden utilizarse para comprobar qué espe-

cies serían adecuadas de acuerdo a los factores fitogeográficos y climáticos

son: índices climáticos, diagramas bioclimáticos, la utilización de los atlas y

mapas de la vegetación forestal, y las series de vegetación de Rivas-Martínez.

Factores

edáficos:

consisten fundamentalmente en conocer los pará-

metros característicos del suelo: estructura, profundidad, textura, pe-

dregosidad, contenido en materia orgánica, contenido en caliza activa,

etc. Las propiedades edáficas nos permiten conocer las características

del suelo que influyen en la vegetación. Además, para algunas espe-

cies pueden ser determinantes.

Factores

fisiográficos:

la altitud, orientación y pendiente influyen en

cierto grado sobre los factores climáticos, y deben ser por tanto teni-

dos en cuenta.

Factores biológicos:

la

composición florística

del terreno proporciona

información sobre las condiciones estacionales y en qué estado de de-

gradación de la vegetación o etapa de sucesión se encuentra el monte.

Asimismo, deben tenerse en cuenta factores de competencia con

la vegetación actual, o la baja resistencia a plagas y enfermedades,

entre otros.

La primera lista de

especies debe ser lo

más completa posible.

En ella se pueden

incluir tanto especies

autóctonas como

exóticas compatibles

con el sitio.