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Coordinación y control de los trabajos de reforestación y forestación 

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Pedregosidad.

La pedregosidad y los afloramientos rocosos pueden im-

pedir o dificultar el paso de maquinaria.

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Otros (económicos y sociales).

Los desbroces manuales son mucho

más caros que los mecanizados. Por otro lado, proporcionan trabajo

local al emplear a más mano de obra.

4.

 PREPARACIÓN DEL TERRENO

En ocasiones el área a repoblar no se encuentra en unas condiciones

adecuadas que puedan permitir el arraigo de la plantación, su superviven-

cia y perpetuación en el tiempo.

Se entiende por preparación del terreno todas las labores a realizar so-

bre el suelo que facilitarán la implantación posterior de las especies en

la repoblación forestal. Dentro del término genérico de preparación del

terreno se engloban tanto los tratamientos sobre la vegetación preexis-

tente (si es que fueran necesarios) hasta los distintos procedimientos de

preparación del suelo.

Las especies

vegetales se pueden

reproducir por semillas

(reproducción sexual),

por esquejes o injertos

y por brotes de

cepa o raíz. Se trata

de reproducciones

asexuales, donde el

individuo que nace

es idéntico a su

progenitor.

La preparación del suelo pretende favorecer las condiciones del repoblado y

garantizar su desarrollo durante los primeros años de vida.

Antes de proponer una determinada preparación del suelo, lo primero que se

debe hacer es estudiar el terreno y justificar la necesidad de intervención. En caso

contrario se corre el riesgo de empeorar las condiciones del suelo.

El empleo de

tratamientos químicos

(enmiendas o abonados) en terrenos fo-

restales únicamente se justifica en casos especiales debido a su alto coste. Son

más comunes los fertilizantes en pastilla que se depositan sobre el hoyo de

plantación.

Por otra parte, los

acondicionamientos físicos

del suelo, aquellos que se rea-

lizan de manera mecánica o manual, se justifican por varias razones, según el

estudio de Serrada:

El río Jiloca nace en Cella, provincia de Teruel, cruza dicha provincia de sur a norte

y, a partir de Calamocha, toma la dirección noroeste para entrar en la provincia de

Zaragoza y afluir al Jalón en Calatayud. La historia de este río, de 126 km de lon-

gitud y 260.000 Ha de cuenca, es una historia llena de avenidas, que obedece a

factores antrópicos, edáficos, pendientes elevadas y un régimen climático con una

marcada torrencialidad. Solo en el año 1915 se valoraron las pérdidas en un millón

de pesetas. Una muestra de la amenaza del río fue la construcción en 1562 por el

francés Pierres Vedel del túnel de La Mina, de unos mil metros de longitud, y cuya

misión era desviar las aguas que periódicamente inundaban la ciudad de Daroca. No

fue hasta 1907, con motivo de los daños ocasionados en ese año, cuando el Esta-

do ordenó el estudio hidrológico-forestal de la cuenca, y en 1914 se comenzaron

las primeras repoblaciones, que cubrieron un total de 17.754 hectáreas, la mayor

parte de ellas en la provincia de Teruel. Aquel terreno, cicatrizado por la erosión,

hoy muestra un aspecto muy diferente.