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GESTIÓN DE MONTES
aumenta la pérdida de agua en el suelo y el peligro de incendios. Para evitar es-
tos riesgos, se aplican
binas o gradeos
sobre las líneas de plantación, cuando la
pendiente (< 20 %) y la separación lo permite. Se procuran dar dos pases cruza-
dos para lograr una mayor uniformidad del tratamiento. Esta práctica es habitual
en terrenos agrícolas donde se ha realizado una plantación forestal, y así evitar
marras y gastos adicionales no previstos.
En terrenos forestales, con limitaciones de acceso de equipos, y con condiciones
de matorral que hacen difícil un control mecanizado del mismo, se realizan
escar-
das
. Las escardas, realizadas a mano, aplicando herbicidas o colocando plásticos
negros alrededor de la planta, son necesarias bajo climas húmedos, sin periodo
apreciable de sequía, cuando la preparación del suelo no ha sido muy intensa, y
se produce un gran desarrollo del tapiz de herbáceas vivaces, que hasta el desa-
rrollo en profundidad del sistema radical de las plantas introducidas, entran en
competencia por los nutrientes del suelo (Figura 18).
En otros casos, en zonas de clima húmedos en general, en donde crece el mato-
rral, se realizan entonces los
desbroces por roza
para reducir esta competencia.
https://www.youtube.com/watch?v=KRHwYlvsgQs
Figura 18.
Ejemplo de escarda.
La fijación de dunas litorales comenzó a desarrollarse en España en 1887 cuando
se nombra la primera comisión técnica que tenía que estudiar los medios de fijar
las dunas y repoblarlas, prestando atención a las dunas de Huelva y Cádiz, y muy
especialmente, las comprendidas entre las desembocaduras de los ríos Guadiana y
Guadalquivir, seguramente por considerarlas como las más peligrosas.
Tras desestimar el método de navazo utilizado en Sanlúcar de Barrameda para crear
suelo agrícola, se propusieron alternativas a los efectuados entre Mazagón y Mata-
lascañas, logrando estabilizar dunas que hoy albergan complejos ecosistemas de
arenal en equilibrio.




