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 GESTIÓN DE MONTES

Una vez marcados los puntos que definen una línea de pen-

diente dada, es interesante la colocación de algún tipo de

marca permanente en esos puntos. A lo largo de esta

poli-

gonación

se podrá marcar un sendero que facilite posterio-

res trabajos.

❱ 

Cuarta fase: elección del trazado definitivo.

Para mar-

car el trazado definitivo del vial nos servirá el mapa de

conjunto con todos los datos y anotaciones que se han

hecho durante el trabajo en el terreno.

  A la hora de elegir un trazado definitivo debemos asegu-

rarnos de que estos dos parámetros queden equilibra-

dos: por una parte, pendiente mínima y movimiento de

tierras mínimo; por otra, movimiento de tierras mínimo

y longitud del trayecto. Todo esto además debe analizar-

se también desde un punto de vista económico, que nos

ayudará también para la toma de decisiones. Este se rea-

liza mediante un cálculo que permita comparar el coste

de construcción con el de utilización.

  En la decisión final, la persona responsable también de-

berá tener presentes las

observaciones generales si-

guientes

dadas por la experiencia:

 En terrenos poco accidentados, será conveniente que

el vial recorra la divisoria de aguas o vaya próxima a

ella. Manteniendo un curvado suave, durante la ejecu-

ción deberán buscarse unos movimientos de tierras

que resulte económicos.

 En terreno accidentado, será necesario cruzar valles.

En estos casos resulta más económico construir viales

secundarios que den servicio a valles y que conecten

con otra carretera principal. Esto evita cruzar crestas y

abarata costes.

 En laderas, más accidentadas, se buscan pendientes homogéneas (Figura

15). La parte más escarpada de las laderas queda definida por su parte supe-

rior por una línea de transición de pendiente que forma el borde del altiplano.

Trataremos de mantenernos por encima de esta. Por abajo, en los fondos de

valle más o menos llanos, se escogerá la zona más próxima al pie de la lade-

ra.

 En trazados de valle, de manera contraria, intentaremos llevar los trazados lo

más bajo posible, pero siempre por encima del nivel de las crecidas; en fon-

dos de valle anchos y llanos se evitará atravesar cursos de agua en las cer-

canías de su confluencia y en el punto en que su anchura es mayor. De esta

manera se evita la construcción de puentes y/o obras de fábrica de enverga-

dura. En valles estrechos y laderas escarpadas, habrá que atravesar menos

depresiones profundas y los rellenos serán menores.

 En laderas, cuando construyen vías con pendiente constante, basta con un

perfil mixto (Figura 15), buscando excavaciones nulas sobre el propio eje, so-

bre todo si la pendiente transversal es reducida, esto permite un desmonte

y compactado relativamente fácil. Por el contrario, si la pendiente transversal

del terreno es pronunciada, resulta más conveniente un perfil en trinchera

que un perfil mixto (Figura 16). En este caso el volumen de desmonte será

mayor pero se garantizará un mejor cimiento en el vial.

 Un desmonte de gran volumen presenta dos inconvenientes: por un lado,

una carretera en trinchera recibe menos el sol y se seca peor; por otro lado, al

llevar mucha excavación es más probable encontrar bolsas de arcilla difíciles

de estabilizar.

Figura 14.

Imagen de la escala de pendientes del cli-

símetro vista a través del aparato con el objeto obser-

vado; lectura: vértice del sombrero a + 65 o 6,5 %;

vértice del jalón a + 50 o 5 %.

100

50

+

0

-

50

100