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TERMINOLOGÍA CLÍNICA Y PATOLOGÍA

Aunque son muchas las patologías que pueden afectar a las distin-

tas estructuras del riñón e independientemente de su localización

inicial o su etiología, tal como se ha comentado en el punto anterior,

el conjunto de

síntomas, signos y alteraciones bioquímicas

rena-

les tienden a presentarse agrupados en cuatro síndromes: síndrome

nefrítico, síndrome nefrótico, IRA y ERC. Las

características

más

significativas de cada uno de estos síndromes se exponen a conti-

nuación.

3.2.1.

Nefropatías vasculares. Nefropatía e HTA

El término nefropatía vascular engloba un conjunto de alteraciones re-

nales ocasionadas por patologías vasculares y relacionadas con la HTA

o con la arteriosclerosis.

Son cuatro los cuadros que podemos distinguir:

Nefroangioesclerosis benigna o nefroesclerosis.

Enfermedad

renal que complica la hipertensión arterial esencial y que se carac-

teriza por la afectación de los pequeños vasos sanguíneos renales.

Nefroangioesclerosis maligna.

Es el deterioro agudo de la función

renal que acompaña habitualmente a la HTA maligna.

Nefropatía isquémica o aterosclerótica.

Consiste en una obs-

trucción grave del flujo arterial renal que produce isquemia e in-

suficiencia renal. En ella suelen coexistir lesiones en pequeños y

grandes vasos sanguíneos del riñón.

Enfermedad ateroembólica por cristales de colesterol.

Para el diagnóstico se utiliza la

arteriografía renal.

3.2.2.

Síndrome nefrótico

Aparece como consecuencia una

alteración en la barrera de per-

meabilidad glomerular,

de forma que se pierde la capacidad del glo-

mérulo para evitar la filtración de las proteínas de la sangre. La

clínica

consiste en:

Proteinuria – albuminuria (superior a 3,5 g/24 horas/1,73 m

2

).

Imprescindible para diagnosticar el síndrome nefrótico.

Hipoproteinemia-hipoalbuminemia (menos de 3 g/dL).

Edemas.

Hiperlipemia.

La

causa

más frecuente de síndrome nefrótico en adultos es la nefro-

patía diabética (Figura 6).

Proteinuria – albuminuria

(superior a 3,5 g/24

horas/1,73 m

2

) es

imprescindible para

diagnosticar el síndrome

nefrótico.